PRESENTACIÓN

sábado 6 de marzo de 2010



Hoy, dia seis de marzo del año de gracia del dos mil diez, comienzo a editar éste blog que pretende ser un punto de encuentro entre familiares, amigos y conocidos -se prohibe expresamente la entrada a los enemigos-, todo ello con el buen deseo de cultivar aficiones literarias, políticas -incluidos los chismorreos de ésta índole-, artísticas y demás actividades que puedan interesar a la generalidad de los colaboradores y personas interesadas en éste blog.
¡Bienvenidos a todos! Y que la diosa Fortuna nos ilumine en ésta nueva tarea que con ilusión emprendemos.
ÁNGEL LARROCA DE DOLAREA

jueves, 19 de febrero de 2015



EL CARTÓGRAFO RAFAEL VELASCO

II



               A los sietes días del inicio del viaje se produjo una gran calma propia del lugar dónde nos encontrábamos. Los marineros de la fragata aprovecharon la misma para lanzar un bote al agua y por medio de un tridente, denominado fisga, pescar unas pocas tortugas.

               - ¿Qué hacen, señor Velasco? Preguntó Beatrice acercándose sigilosamente.

               - Pescan tortugas, contestó el marino, con unos utensilios denominados fisgas. La fisga es un instrumento de pesca que se inventó para coger los peces clavándolos a golpe de brazo al modo que con la punta hacia el suelo se arroja o intenta clavar una lanza o dardo. Se compone de cierta especie de peine de hierro que consta de determinado número de púas de una cuarta poco más o menos de largo y a algunas distancias unas de otras, cuya pieza de hierro es entera y está calzada por el astil o mango de madera. Mañana tomaremos sopa de tortugas ¡es muy buena! Se prepara en el caparazón de la tortuga, y se cocina con fuego de leña. En el caparazón se echa agua, las presas de tortuga y se le agregan unos plátanos rallados. Se revuelve con frecuencia para evitar que el plátano se pegue y finalmente se condimenta con sal y sacha-culantro. El culantro es una hierba que se utiliza mucho en la América tropical. Se trata de una hierba de agradable aroma.

               - Me asombra sr. Oficial, ¿Sabe usted de todo?

               - No me haga sonrojar Beatrice, estos conocimientos que comparto con usted son propios de mis experiencias viajeras, pero no sé de todo. ¡Gracias a Dios!

               - ¡Mire! sr. Velasco, un barco a lo lejos Y... ¡con qué entusiasmo le saludan los pasajeros! afirmó ilusionada Beatrice ¿Usted cree que nos verán desde allí?

          - Al barco, sí, a los pasajeros,no. La voz de vela siempre es acogida en alta mar con entusiasmo. Nos parece que no estamos tan solos, que hay otras personas que están teniendo las mismas vivencias que nosotros, y por ello se produce una complicidad solidaria, entre unos y otros pasajeros.

               - ¿Ha navegado mucho, Rafael? Preguntó Beatrice.

               - Es la primera vez que me menciona por mi nombre, Beatrice.

               - ¡Hay! Perdón, sr. Velasco.

               - ¡No, no! Beatrice. Si ello me gusta. Continúe haciéndolo. Me preguntaba usted si había navegado mucho. Sí, sobre todo en mi época de prácticas. He recorrido los puertos de la isla de Puerto Rico, la Guaira, Puerto Cabello, Curazao, Cartagena de Indias, Veracruz, L´Arcahais (Haití), Puerto Príncipe, Santiago de Cuba, Tánamo, Santa Cruz del Sur, Cayo Blanco, Cabo Cruz y Masio.

               En Cartagena de Indias se produjo en el siglo pasado uno de los hechos más gloriosos para la Armada Española, protagonizado por el almirante Blas de Lezo y Olavarrieta, guipuzcoano, de Pasajes de San Pedro, que con dos mi ochocientos hombres y seis navíos, evitó, durante más de dos meses, la ocupación de la ciudad por el almirante inglés E. Vernon, que estaba al mando de más de ventitres mil hombres y más de ciento noventa navíos.

                - ¿Y un hecho tan notable por qué se conoce tampoco en E·spaña? - Preguntó Beatrice.

                - Por celos, querida amiga, por celos, respondió Velasco. El Virrey de Nueva Granada era a la sazón, don Sebastián Eslava y Lazaga, inepto militar que quiso contradecir de manera constante las resoluciones que sobre la defensa de Cartagena tomaba Lezo. Al no poder evitar el triunfo de éste último, y el profundo agradecimiento de los cartageneros, envió al rey Felipe V una carta llena de falsedades e injurias contra Lezo, arrogándose, para sí, todo el mérito de la defensa. Lezo no pudo contrarrestar tales ignominias, ya que casi de inmediato a la finalización de la resistencia, cayó enfermo y murió a los pocos meses, concretamente a principios de septiembre de 1741. Su memoria fue rehabilitada gracias a su hijo mayor, don Blas de Lezo y Pacheco, ante el rey Carlos III, quien casi veinte años después de su muerte le nombró, a título póstumo, marqués de Ovieco. Ironicamente, parece ser, que los únicos que reconocen el valor del almirante español,son los ingleses que cuando un barco de su escuadra navega frente a Pasajes de San Pedro, lanzan unas salvas en honor a tan valiente marino, llamado también de forma cariñosa, "el medio hombre", ya que le faltaba una pierna y era además tuerto y manco, producto todo ello de sus luchas en la mar.

             -  Hasta ahora Beatrice sólo yo he sido interrogado de mis experiencias y de mi vida, pero..., ¿y usted? Cuénteme cosas suyas que seguro serán sobradamente interesantes.

               - Poco puedo contarle, Rafael. Quedé huérfana de madre desde que nací, pues ella falleció a consecuencia de mi parto. Mi padre jamás la olvidó porque nunca quiso rehacer su vida con un nuevo matrimonio. no pudo dedicarme el tiempo que yo deseaba..., no sé si por sus negocios o porque mi presencia le recordaba siempre la causa de la muerte de mi madre. Nunca le pregunté el motivo. Lo que sí es cierto, es que desde que terminé mis estudios no hace otra cosa que dedicarse a mí. Y ve..., ahora le acompaño en sus viajes de negocios, pero no para formarme con los mismos sino como un simple viaje de placer. Y lo que le estoy contando, a lo mejor tiene un tinte de reproche. Seré la única heredera de su fortuna y en consecuencia de su cuantioso patrimonio. Si fuera varón estaría acompañándole en éste viaje como futuro gerente de su fortuna. Pero no es así; yo creo que espera que un día me case y mi marido sea el que se haga cargo de los negocios, ya que en Gran Bretaña cuando una mujer se casa los bienes pasan a ser propiedad del marido, aunque tengo que reconocer que se están haciendo grandes esfuerzos por conseguir una legislación que de independencia económica a la mujer. Mis solitarios años de aprendizaje me han hecho muy independiente y muy reivindicativa. Tal vez porque tuve una institutriz que me fomentó la lectura y la idea de la independencia femenina. Se llamaba Anne Brontë, que destacó como una gran escritora, junto a sus hermanas: Charlotte y Emily. Ésta última fue la autora de la novela"Cumbres Borrascosas", dejó también escritas magníficas poesías. Charlotte fue la autora de otra gran novela llamada "Jane Eyre". Mi institutriz Anne, ha publicado hace un par de años una novela basada en sus experiencias laborales, se denomina "Agnes Grey". Por su intercesión terminé estudiando en un colegio de Bruselas para mejorar mi francés. Estudiábamos también alemán y música y recuerdo con simpatía a un profesor: Monsieur Heger, esposo de la directora. Un hombre atrayente, que encandelaba al auditorio y que influyó, junto a Anne, en mi entusiasmo por la literatura.

               De repente el pasaje se volvió a remolinar por la banda de estribor, nos estábamos cruzando con bastante cercanía con un bergantín inglés.

               - ¿Qué hacen con esas banderas? Pregunto Beatrice.

         - Se está comunicando con nosotros a través de esas banderas, contestó Rafael. -Van a Australia, cargado el barco de emigrantes. Probablemente en busca de oro.

               - Voy a cercarme a mi camarote a tomar unas notas, manifestó Velasco. - Nos veremos en la cena, si quieres que cenemos en la misma mesa.

               - Estaría encantada, Rafael, afirmó Beatrice.   

martes, 10 de febrero de 2015



MÚSICOS EN LA FAMILIA 
II
Padre de Mª Nieves Sáez de Adana Oliver






                       RAMÓN SAEZ DE ADANA LAUZURICA.- Nace en Castro Urdiales (Santander) en junio de 1916, hijo de Ramón Saez de Adana Alonso, a la sazón Director de la Banda Municipal de Castro Urdiales, y de Juana Lauzurica Ruiz de Lazcano.

                       Desde muy niño, dada su ascendencia,  se interesa por la Música y recibe clases de su padre junto con otros niños castreños en la escuela que creó Don Ramón en esa ciudad. Al trasladarse su padre a Santander, por haber obtenido la plaza de Director de la Banda Municipal de Música, continúa sus estudios musicales en la capital montañesa y después se traslada a la capital de España para profundizar en los estudios de piano y violín. Posteriormente viaja a París para estudiar dirección, composición y virtuosismo de violín, obteniendo en esta última asignatura Premio Extraordinario.

                       Finalizada la Guerra Civil, ingresa por oposición en el Cuerpo de Directores de Música de la Armada y realizados los cursos preceptivos en la Escuela Naval Militar, sita en San Fernando (Cádiz), es destinado posteriormente al Departamento Marítimo de Cartagena, donde dirige la Banda del Tercio de Levante de Infantería de Marina. Siguiendo la tradición de su padre crea en Cartagena la Coral Tomás Luis de Vitoria, compuesta por los trabajadores de los astilleros, a petición de la Empresa Nacional Bazán. Como dice de él Juan Mediano en su libro “CARTAGENEROS (Biografías Breves)” “era un militar cien por cien. Serio, rígido, adusto, disciplinado hasta consigo mismo, y capaz de hacerse obedecer sin necesidad de enseñar las estrellas”. Con la Coral Tomás Luis de Vitoria intervino en numerosos conciertos en diversas capitales, siendo memorables los conciertos sinfónicos-corales que organizó en el Teatro Circo de Cartagena.

                       El 16 de mayo de 1947, contrajo matrimonio con María de las Nieves Oliver Villar, con la que tuvo seis hijos: Mª Nieves, Ramón, Ignacio, Miguel Angel, Mª Jesús y Mª Eugenia Saez de Adana Oliver.

                       En 1948 crea, a través de un concurso, la Banda de la Agrupación de Infantería de Madrid, dirigiéndola hasta su jubilación. Dicha Banda intervino en gran cantidad de concursos por todo el territorio nacional y obtuvo numerosos premios. A petición expresa de la reina Sofía interpretó el Himno Nacional en la coronación de S.M. el rey Juan Carlos I, en el año de 1975.

                       En 1949, se organiza en Santander un Concurso Internacional de Música en las que intervienen la mayoría de las corales españolas y portuguesas. Como es evidente se presenta La Coral de Santander; pero no puede dirigir la misma su director natural, Ramón Saez de Adana Alonso, ya que figura como miembro del Jurado. Don Ramón decide dejar la dirección de la misma en manos de su hijo, también llamado Ramón, que aunque joven, destacaba ya como director. El éxito fue apoteósico y la Coral de Santander se alza con el primer premio.

                       Adaptó muchas obras para banda y orquesta, que forman parte del patrimonio musical de la Armada y realizó diversos villancicos y obras para corales. Pero por lo que mas destacó fue por ser un eminente compositor, especialmente de música militar y relacionados con la Marina. De entre sus composiciones, es especialmente conocida la marcha titulada “Ganando Barlovento”, que suele interpretarse en casi todos los desfiles en los que participa la Marina.

                       Ramón Saez de Adana Lauzurica muere en Madrid el 5 de enero de 1.999.  




lunes, 9 de febrero de 2015

MÚSICOS EN LA FAMILIA - abuelo de mi mujer Nieves Saez de Adana



                          RAMÓN SAEZ DE ADANA ALONSO.- Nace en Vitoria el 31 de agosto de 1.879. Desde niño vivió para la música. Estudió en Barcelona piano, armonía, instrumentación, contrapunto, fuga y composición, siendo sus profesores Juan Luis García, Francisco P. De Viñaspre y recibiendo importantes consejos del gran maestro Enrique Morera.

                          A la edad de 22 años, en 1902 llega a Castro Urdiales para opositar para el cargo de Director de la Banda Municipal, compitiendo con figuras destacadas como Antonio Molino e Higinio Otadui. Obtenida la plaza, y en ese mismo año estableció una academia gratuita para todos los chicos de la población. Uno de sus alumnos destacados fue Ataulfo Argenta que años mas tarde se convertiría en Director de la Orquesta Nacional. También entre sus alumnos figuraría su hijo, Ramón Saez de Adana Lauzurica.

                          Fundó, y dirigió durante siete años la Sociedad Coral y también la Academia Musical del Círculo Católico, con aficionados y profesionales de Castro Urdiales. En 1905 la banda castreña obtuvo el primer premio del Certamen de Vitoria.

                          Contrajo matrimonio con la señorita Leonor Fernández, que moriría a muy temprana edad, el 19 de enero de 1991 y a finales de ese año, contrae nuevo matrimonio, en Vitoria, con Juana Lauzurica con la que tuvo a sus hijos: Pilar, Ramón, José Esteban, Trinidad y Francisco Saez de Adana Lauzurica.

                          En 1921, y con ocasión de la dimisión del Director de la Banda de Música de Santander, Don Mario Bretón – hijo del Compositor de “La verbena de la Paloma” -, ingresa por oposición como Director de la misma. Puso pronto la Banda de Santander a la altura de las primeras de España, organizando festivales de invierno en el teatro Pereda y en verano en el templete existente en el paseo que lleva el mismo nombre del literato santanderino.

                          En 1922, crea junto a un grupo de antiguos orfeonistas la Coral de Santander, compuesta de 150 voces, y que se convertiría en el centro de atención de todo el pueblo montañés y con la que gana el primer premio en el concurso de orfeones celebrado en Valladolid, en 1930 o el éxito obtenido el 29 de junio de 1925 en la ciudad de Burgos, o la actuación que tuvo la Coral en el teatro Buenos Aires de Bilbao, en octubre de 1926, o la intervención que tuvo en la ciudad natal de Ron Ramón con ocasión de un homenaje a su persona en el año de 1928, o su intervención en Burdeos, con ocasión de la semana Franco-Española, en 1932, o el celebrado, con la presencia del Presidente de la república, Niceto Alcalá Zamora, en el teatro Monumental de Madrid, en el año de 1934, o el celebrado en el teatro Madrid, de la capital de España en la Semana Santa de 1944, una vez recuperada la Coral por su disolución con motivo de la Guerra Civil española. En ese mismo año se hizo una gira por diversas provincias catalanas y destacando el concierto que se hizo en Madrid, en el Monumental Cinema, en 1946 .

                          Creó también, Don Ramón, en Santander una Academia de Música, que con el paso del tiempo se convertiría en el Conservatorio Oficial de Música “Jesús de Monasterio”.

                          En 1947 es concedida a Don Ramón la Medalla del Trabajo, que le es impuesta, en el Teatro de Pereda en noviembre de ese año.

                          Aunque nació en Vitoria, pasó casi toda su vida en la Montaña y de ahí que dedicara el 90 por ciento de sus composiciones a temas montañeses. Entre sus composiciones destacan “Rapsodia Montañesa; El Molondrón; El canto del Dalle; Agüe; La Cabaña; Quitate de la esquina”, De Romería; Leonor, dedicada a su primera mujer, Two Sten; De regreso; Patria; El Lauro; Cantos de Castro; Los Orrabis; Ayala; Sinceridad; Aires Montañeses; Polka- escrita para cornetín-; Salinas; Al pie de la Cruz; Mi terruño; Blasón de un escudo; Retírate, flor de la aldea; Bohemio errante; El Molinero Maquillandero; Levántate Morenita; La Montaña; Esta noche ha llovido; Yo no soy marinero; Eres alta y delgada; Matilde; Revoltijo nº 1 y 2; Acuérdate; Ondina; ¡Hea!; Si tu cara fuera cárcel; Yo soy Montañesa; Montañesa, que solitaria y A la Virgen de los Dolores”, entre otras.


                          Don Ramón Saez de Adana Alonso muere en agosto de 1958 y se le rinde un postrero homenaje, inaugurando un busto de su persona en el templete de música del paseo de Pereda en noviembre de 1958.    

martes, 3 de febrero de 2015



HITLER Y LA DEMOCRACIA

El 27 de enero se cumplió el septuagésimo aniversario de la liberación del campo de concentración nazi en Polonia, denominado Auschwitz. Allí fueron asesinados entre un millón y medio a cuatro millones de personas. La cifra varía, según los historiadores, pero da lo mismo; una u otra cantidad fue una autentica atrocidad. Pero lo verdaderamente espeluznante es que el promotor del "Genocidio" fue Canciller Alemán en virtud del sistema democrático. Así fue, Hitler fue nombrado Canciller en enero de 1933. Transformó la República de Weimar en el Tercer Reich y gobernó con un partido único; el (NSDAP) basado en el totalitarismo de la ideología nazi. Hay que advertir para que la Historia nos recuerde los motivos de los sucesos que la depresión económica dejó a cinco millones de alemanes en el paro, y que este fue el principal motivo de la subida al poder de los nazis. En las elecciones del 31 de julio de 1932, los nazis ganaron las elecciones al Reichstag obteniendo 13,7 millones de votos; el 37,4% de los sufragios; 228 diputados.

No vamos a profundizar en un estudio detallado de lo que ocurrió después, pues ese no es el objeto de este artículo. Lo que aquí queremos destacar es que los nazis llegaron al poder a través de un sistema democrático; es decir, una opción política no democrática llegaba al poder con el respaldo de más de 13 millones de votantes. Viene al pelo, aquí la frase del profesor y escritor español Jorge Wagensberg: "Sólo hay una contradicción mayor que la de negar la democracia a los anti-demócratas y es la de tolerar que éstos acaben democráticamente con la democracia".

Sobre la censura a la Democracia se ha escrito mucho: Ya Aristóteles decía: "En la democracia las revoluciones son casi siempre obras de demagogos".

Bernard Shaw, con su característica forma de ser, afirmaba: "La democracia sustituye el nombramiento hecho por unas minorías corrompidas, por la elección debida a una mayoría incompetente".

El político mejicano, Carlos Abascal, auguraba que: "La democracia es el camino que han escogido las fuerzas internacionales de la subversión para alcanzar el poder omnímodo con la instauración del comunismo, que es precisamente la contra-iglesia". Recuerdo que eso fue lo que pretendió el dictador Stalin con España al acabar la Segunda Guerra Mundial: reinstaurar la monarquía en la persona de Don Juan III, para que al final, falto éste último de apoyo popular, se llegara a implantar la dictadura del proletariado. Menos mal que estaba Truman y no Roosewelt, como Presidente de los estados Unidos, y no tragó.

¡Ojo! Que queda una afirmación de Simón Bolivar, muy oportuna: "Los sistemas enteramente populares lejos de sernos favorables, temo mucho que vengan a ser nuestra ruina".

Yo al final me quedo con la afirmación de Winston Churchil, que dijo: "La democracia es el menos malo de los sistemas".

Pero es importante resaltar de nuevo la opinión de Wagensberg para recordar que la llegada del Partido Nazi fue exclusiva culpa de los propios alemanes, pues antes de que estos ganaran las elecciones se sabía la tendencia que iba a dirigir la política que proponía Hitler, y eso es lo que debieron evitar sus compatriotas, que formaban la mayoría, para que los anti-demócratas acabaran con la democracia. No debieron esperar a que los Soviéticos entraran en Berlín y motivaran el suicidio del dictador, después de casi seis años de horrores, debieron de sublevarse contra lo que veían venir y no lo hicieron. Mas del 62% de los alemanes, incluidos los miembros del ejército, fueron unos cobardes, incapaces de plantar cara a la tiranía que se avecinaba. Se afirma, por el contrario, para justificarse, que el éxito del Partido Nazi estribó en las condiciones del Tratado de Versalles, que entró en vigor el 10 de enero de 1920. De las normas del Tratado, una de las principales estipulaba que Alemania y sus aliados aceptasen toda la responsabilidad moral y material de haber causado la guerra y deberían desarmarse, realizar importantes concesiones territoriales a los vencedores, y pagar fuertes indemnizaciones económicas a los victoriosos. Sin duda la situación económica y la humillación que les produjo el Tratado de Versalles hicieron que parte de la población considerara patriótica la actitud de Hitler.

Y aquí viene la cuestión: ¿Qué es lo patriótico? ¿Qué es la Patria? Desde luego no puede ser la venganza irracional que sirvió de justificación al pueblo alemán. El concepto de "Patria" nos puede parecer algo ambiguo, pero no lo es. Muchas definiciones lo asocian a la tierra donde uno nace o elige vivir, unido a vínculos afectivos, jurídicos e históricos. No se trata tampoco de un desmedido orgullo por pertenecer a un territorio. La definición de patria no está exclusivamente dada por la relación personal que un individuo posee respecto de un lugar, sino que también existen implicaciones políticas, ideológicas, históricas, sociales y culturales. Es el amor que surge hacia la tierra que nos vio nacer, la historia de nuestros antepasados, sus conquistas, sus aciertos y sus errores. Es una herencia de los padres, y es por ello por lo que significa según su etimología latina "terra patrum - tierra de los padres". Benjamín Franklin lo tenía muy claro cuando afirmó: "Donde mora la libertad, ahí está mi patria", porque la patria engloba todas aquellas cosas materiales e inmateriales del pasado del presente y del futuro. Por tanto, todo ello significa que la concepción de patria no está referida exclusivamente al terruño; es mucho más comprende también bienes inmateriales como el deseo de libertad, la defensa del menos malos de los sistemas. Y esos conceptos hay que defenderlos con la vida, por la patria se debe morir, y en contraposición, si es necesario matar, ya que es obvio que si se está dispuesto a entregar la vida será necesaria la defensa y el ataque. 

Es de Voltaire la frase: " Detesto lo que escribes, pero daría mi vida para que pueda seguir escribiendo". Dicha opinión, y seguramente copiando al filósofo francés, la ratificó un político inglés, que dijo: "Odio lo que dice ese hombre, pero daré mi vida para que pueda seguir diciéndolo". Todo esto es muy bello desde el punto de vista democrático, pero cuando se pusieron en riesgo principios tan fundamentales como la libertad o la democracia, habría que haber dicho: "Odio lo que hace ese hombre que es pretender acabar con la libertad, pero daré mi vida para que no pueda hacerlo". Eso es lo que prometieron los que juraron bandera y fue el estamento militar alemán el que se debió encargar de mantener ese compromiso y preservar la seguridad de su nación ante esa amenaza interna y posteriormente externa, y no lo hizo, por lo que el pueblo alemán estaba legitimado para sublevarse, pero no lo hizo y quedó quieto, paralizado, por ello es por lo que es responsable igualmente de lo que pasó años después y de lo que se ha cumplido en este mes de enero en ese aniversario trágico, puesto que de acuerdo al aforismo jurídico: "el que es causa de la causa es causa del mal causado".

ÁNGEL LARROCA DE DOLAREA  


viernes, 30 de enero de 2015


AGUSTÍN DE FOXA Y LA MEMORIA HISTÓRICA

Tengo en mis manos un libro bastante interesante sobre Agustín de Foxá y su novela: "Madrid de Corte a Checa". Escrito por Javier Ramos Gascón, editado por Los Cuatro Vientos- Renacimiento en el que cuenta como una Concejala Socialista de Sevilla impidió un acto literario en memoria del cincuenta aniversario de la muerte de Agustín de Foxá, en base, parece ser a la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, también mal conocida como la Ley de la Memoria Histórica de Rodríguez Zapatero. Este artículo debería de entrar mejor en mi apartado "Perlas Gilipollescas", pero como no voy a tratar de esas perlas sino de la desmemoria histórica e intencionada de nuestro ex Presidente del Gobierno, voy a recordarle que su abuelito, Juan Rodriguez Lozano, parece ser que fue masón, que jugó al pelo y a la pluma; una vez, con gobierno republicano de derechas a la sazón, para la represión de los mineros asturianos - cuya revuelta fue organizada por el PSOE y la UGT -, a las órdenes de Franco y otras veces ofreciéndose como espía al Director del el diario El Socialista. El caso es que cuando se produce la sublevación de las tropas denominadas "Nacionales", se encontraba en un pueblo leonés a unos 6 kilómetros de la zona republicana, pero se debió fiar tampoco de sus supuestos correligionarios que se marchó a 46 kilómetros de distancia hacia la "Zona Nacional". Allí lo capturaron y lo fusilaron. Da lo mismo, hubiesen procedido de igual manera los "Republicanos" y si no...¿porqué se justifica la opción que tomó? Probablemente porque se fiaba más de los "Nacionales" que de los otros. Y esa es la Memoria Histórica que aparece ampliamente detallada en Internet y que el precursor de la Ley, Señor Rodríguez Zapatero,  no quiso saber. De haberle fusilado los republicanos es probable que en vez de José Luis se hubiese llamado José Antonio, como su portavoz Alonso.


Juan Rodríguez Lozano

lunes, 12 de enero de 2015

                          He comenzado una gran aventura: el escribir una novela. Está basada en hechos reales por lo que añade ciertas dificultades, con el fin de no caer en gazapos o largar alguna barbaridad que otra. Es por ello por lo que se necesita de forma constante el corroborar los hechos que se narran para que coincidan con la época histórica a la que se refiere y por tanto hay que documentarse debidamente y por ello su elaboración es lenta y trabajosa. No sé cuando la terminaré, pero aquí, y por series - en forma de tráiler - os la contaré.

ÁNGEL LARROCA DE DOLAREA



EL CARTÓGRAFO RAFAEL DE VELASCO

            El 30 de marzo de 1849 la ciudad de Cádiz amanecía con una neblina especial. El cielo no estaba nublado, pero el ambiente estaba recubierto con una leve capa de polvo desértico, traido por el fuerte viento de levante. Me había alojado en una pensión de la plaza de San Juan de Dios la tarde anterior, a la que había llegado procedente de mi casa natal sevillana.
El duro viento que durante toda la noche sopló con gran fuerza, unido todo a la ilusión con que emprendía mi primer viaje científico como oficial de la Marina de Guerra Española, hicieron que no pudiera pegar un ojo en toda la noche. Poco antes del amanecer logré conciliar un poco el sueño. Ese estado previo de vigilia, me sirvió para rememorar aquellos años que estuve en la Academia de Guardiamarinas como aprendiz de marino, y de mis prácticas,como tercer piloto, en el navío Soberano; de mis compañeros, los profesores, mi preparación científica y esa visión de un futuro incierto que todos deseamos que sea el mejor. Pasaron por mi imaginación una sucesión de láminas, cual si fueran positivas de ese nuevo invento llamado fotografía; recordaba a Montojo, mi compañero, mi amigo, tal vez, como el decía: mi hermano, y esa mañana en la que en el armero estábamos limpiando unas armas y apareció el “pater”. Montojo siempre bromista le apuntó con el arma y el clérigo le advirtió de la posibilidad de estar cargada. El lo negó y a continuación me apuntó, retirando rápidamente el arma. Pero ya había disparado y una bala me rozó limpiamente la cabeza. Él, aturdido, asustado, me preguntaba si estaba bien. -¡No ha sido nada, no ha sido nada!, le dije. -Oiga pater, advertí, la pistola se me ha disparado a mí limpiándola. Y así quedó. Mi buen amigo, de conocerse la verdad, hubiera perdido la carrera. Y además se hubiese perdido a un marino brillante. Montojo jamás olvidó mi actitud y fui para él un hermano querido.
Pero hoy comenzaba la realidad de un sueño. Lo que había esperado con tanta ilusión. Mi primer viaje importante a nuestras colonias de oriente para elaborar la carta de la costa filipina.
En la bahía gaditana, me esperaba una fragata, de cerca de setecientas toneladas, que constituiría mi hogar durante largos meses.
Me vestí mi uniforme azul y recogí las pocas cosas que en la noche anterior había sacado de mis maletas. La encargada de la pensión me reservó un coche de caballos y puso a mi disposición a un mozo, que era sobrino de ella, que me ayudó a bajar los bultos hasta el vehículo. El cochero colocó ordenadamente el equipaje en el pescante y emprendimos la marcha hacia el puerto. Por el trayecto se encontró en la obligación de hacerme de cicerone. -¡No insista!, le repliqué, conozco Cádiz tan bien como usted. –Nací en Sevilla y me he pasado varios años estudiando en la Isla de León, por tanto, mis venidas a la “Tacita de Plata” han sido frecuentes.
En el muelle me esperaban cuatro marineros con un amplio bote. Los saludos de rigor, y sus valiosas colaboraciones para embarcar ese cúmulo de material, que necesitaba para tantos meses.
Pusimos rumbo a la fragata, con grandes dificultades en la maniobra, ya que la mar estaba fuertemente rizada. Los marineros remaban con golpes secos, rápidos y contundentes, pero las bogadas eran muy cortas, debido al fuerte viento contrario. La fragata se encontraba fondeada a dos millas y media del muelle y tardamos cerca de dos horas y media en poder abarloar a la misma.
La María Auxiliadora, que así se llamaba la fragata en que embarqué, era un buque mercante construido con solidez y bien aparejado, desplazaba cerca de setecientas toneladas y estaba destinado especialmente para la carga. Una treintena de camarotes se utilizaban para trasladar viajeros.
Desconozco la razón del porqué no me esperó en el muelle, pues parece ser que el día anterior habia recargado material con destino al archipiélago. Probablemente fueran razones económicas, de tasas portuarias, lo que le obligó a esperarme en medio de la bahía. Los armadores solían apretar las tuercas de los responsables de los buques a fin de que en los trayectos se minimizaran los gastos.
El capitán era un hombre delgado, aunque robusto, de tez morena, regular de estatura y aparentando cerca de los cuarenta años. Me recibió con gentileza y simpatía; probablemente el corporativismo que nos unía hizo que pronto entabláramos una cordial empatía. Se interesó por el objetivo de mi viaje y se interesó vivamente acerca de los trabajos que yo iba a realizar. Me escuchaba con atención, sin intervenir, y es porque la limitación de espacio que un buque tiene puede provocar conflictos en la relación de las personas. Son muchas las horas que unos conviven con los otros y el no experimentado tiende a inmiscuirse en la intimidad de su compañero de viaje. Esto es algo que los profesionales de la mar evitamos como decálogo mantenedor de la buena convivencia en esos viajes de tan largas singladuras. Cuando se entablan conversaciones en las que nuestro interlocutor decide abrirnos sus vivencias más íntimas, nuestra experiencia nos indica que la mejor postura receptora que podemos tomar es escuchar sin intervenir; es una respuesta consciente de la necesidad vital de independencia que uno necesita para morar en tan limitados habitáculos.
El capitán Mendoza, que así se apellidaba, se despidió de mí al objeto de preparar las maniobras de partida. Levamos anclas a las catorce horas y los mástiles comenzaron a cubrirse de lonas, una rápida y leve escorada de la fragata fue el inicio de nuestra navegación a tierras muy lejanas.
Atrás quedaba mi familia, mi tierra y mi pasado. Poco a poco fueron desapareciendo los edificios blancos de la ciudad que me vió partir. Apoyado en la regala del buque, contemplé, antes de adentrame en mi camarote, la ímagen de ese Cádiz que tantos recuerdos de estos últimos años me evocaban; el parque Genovés, la Caleta, con la cúpula de la catedral al fondo y la playa del Sur. Una línea difuminada, separadora del cielo de la mar, hizo de telón de mis contemplaciones y meditaciones.
Abandoné la cubierta dispuesto a ordenar el equipaje que, poco tiempo antes, había dejado de cualquier manera en el camarote que me había asignado el capitán. Este era espacioso y confortable y tenía lo necesario para poder trabajar de manera cómoda para tantos días de trayecto. Abrí mi arcón y fui colocando la ropa que contenía en un pequeño armario, revestido exteriormente con una chapa de caoba y situado en el fondo derecho de la habitación. A su izquierda un buró de estilo inglés me facilitó la colocación de mis pertenencias de trabajo, así como de las sentimentales. Observé, por un instante la cámara, estaba recubierta de madera, una acuarela de un vapor con dos mástiles, pintada por un tal Pineda, y enmarcarda en pan de oro, situada encima del buró, un grabado con la imagen de la joven Isabel II y un perchero de bronce, de tres brazos, adosado a la pared constituían los unicos adornos. Un palanganero de madera, de color negro, sirvió para que me refrescara ligera y rápidamente, ya que el capitán me había invitado a ocupar su mesa en la comida.
La mesa que presidiría el capitán Mendoza estaba preparada para atender a seis comensales. Cuando entré en la cámara me dirigí al lugar que me indicó un camarotero y se encontraban sentados, frente a la mesa, un caballero acompañado de una señora o señorita elegantemente vestida. Me pareció que era una mujer muy joven con respecto a la edad que aparentaba su acompañante. Tomé la iniciativa de presentarme.
-          Soy el aferez de navío de la Armada española, Rafael de Velasco -.
-          ¡Mucho gusto! – me contestó con acento extranjero. – Soy Harol Macpherson. Le presento a mi hija Beatrice -.
            Beatrice me extendió su mano y yo se la besé delicadamente, de forma pausada, ceremoniosa. No fue un instinto reflejo de las buenas maneras. Me apetecía besar esa blancura de mano. Beatrice era una joven que aparentaba unos veinte años, con bucles dorados y unos hermosísimos ojos azules, despiertos , y picantes como su sonrisa. Pese a su aparente juventud, mostraba un rostro sereno y maduro; complacido consigo mismo. Portaba un dominio de sí que producía intranquilidad. No apartaba la mirada; la sostenía sin coquetería ni agresividad, pero con seguridad y confianza absolutas.
-          Tiene usted una hija… muy bella, señor Macpherson – balbuceé tímidamente -.
-          Es usted muy cumplido, señor de Velasco -, adelantose a decir,la encantadora Beatrice.
-          ¡Bueno…bueno! De modo que tenemos ante nosotros un joven marino de guerra.- Y se puede saber qué hace un marino de guerra en un barco mercante -. Me
preguntó el señor Macpherson.
-          Estoy encargado por el Gobierno Español para hacer un estudio cartográfico en el archipiélago filipino. – Le contesté.
-          Muy interesante… Estamos sin duda ante un importante científico -. Afirmó mi contertulio.
-          ¡No, por Dios! Sólo soy un humilde estudioso, interesado por las cosas del mar.-
            No llegaban los otros comensales, así que decidimos sentarnos a la mesa. Yo ocupé el asiento derecho de Beatrice y su padre ocupó el izquierdo. Pregunté al señor Macpherson el motivo de su viaje. Me respondió que era un viaje de negocios y que había aprovechado la ocasión para que su hija conociera el continente asiático. El señor Macpherson hablaba, hablaba y hablaba, pero yo estaba ausente a su conversación. Miraba de reojo a su hija Beatrice, y cada instante que pasaba me parecía más hermosa.
            Unos momentos después llegó el capitán acompañado de dos marinos; uno podría ser el segundo oficial y el otro, por la cruz de malta bordada en la bocamanga sobre fondo rojo, era sin duda el médico de a bordo. Nos pusimos de pie y el capitán nos interrumpió diciendo:
-          No se levanten, por favor. Estan ustedes muy bien distribuidos -
Se sentaron los tres frente a nosotros; el capitán frente a Beatrice, el médico a su derecha y el segundo oficial a su izquierda.
El capitán dirigiéndose a sus compañeros, nos presentó.
-          Les presento a mister Harol, empresario inglés, y a su encantadora
hija, Beatrice. Ellos son Andrés Iniesta, mi segundo oficial y piloto, y el médico del barco, Francisco Rodriguez- Sánchez. El joven que nos acompaña es el aferez de navío Rafael de Velasco, en viaje científico a Filipinas, les comunicó a sus oficiales.

-                          Sr. Velasco -, preguntó Beatrice – Es mi primer viaje en barco ¿Es entretenido el viaje?
           -  Depende, contestó el marino, - El viaje en el barco es bastante monótono, es muy uniforme; el mar y el cielo, el cielo y el mar. Cualquier incidente que se produzca mostrará el interés de todos los pasajeros, rompiendo con ello la monotonía del viaje.
            - ¿Veremos pronto tierra? Volvió a preguntar Beatrice
          - Sí, contesto Velasco. Lo primero que veremos son las Islas Canarias y aunque no atracaremos allí, verá usted con claridad el Pico del Teide, cubierto por sus perpetuas nieves. Posteriormente en cinco o seis días más podremos divisar las islas de Cabo Verde.
            No habían terminado de comer cuando una buena parte de los pasajeros se arremolinaban en popa, atentos a un incidente. Uno de los marineros estaba embarcando, con esfuerzo,  un atún de unos sesenta kilos.
-          Estamos pasando unas horas muy tranquilas, afirmó Beatrice ¿Creé usted, Sr. Velasco que el resto del viaje será semejante?
-          No, mi querida Betrice. Tendremos de todo; periodos de calmones, a veces insoportables, y otros periodos de agitada mar. Mas no se preocupe por esto último porque el hombre se ha preparado para doblegar al océano y siempre lo consigue.
            Finalizamos el almuerzo con un exquisito postre, consistente en una mousse de chocolate, aromatizada con mandarina y unas hojitas de menta.
            Me despedí de los comensales, que se estaban levantando de la mesa y me fui a mi camarote a descansar un rato. Beatrice hizo lo propio, acompañada de su padre y los marinos, cada uno, marcharon a sus respectivos puestos.


domingo, 11 de enero de 2015






Yo pensé que mi blog no lo leía nadie. Pues mi equivoqué. Os remito las lecturas: Mi artículo "Justicia o Injusticia" sobre Ortega Cano lo leyeron 11 personas. El que dediqué a mi nieta Victoria por su bautizo, lo leyeron: 34. Uno sobre la posible desaparición del Café Gijón: 56 (Sobre este me escribió la que llevaba el negocio, interesada por mis opiniones. Otro sobre el Rey (Juan Carlo), Botsuana y los Elefantes: 58 personas. Una interpretación libre del Conxuro Gallego: 41; Una receta de garbanzos con bogavante, para hacer la competencia a mi hermana Rosario:58; Mi proyecto sobre el tunel de la calle Serrano: 82; un artículo de coña hacia Arzallus: 31; Un poema sobre Chinchón: 68; Mis Memorias: 290,  y es un artículo sobre "Sucesión a la Corona" que lo han visitado 1.065 personas.Y agarraros,el que ha superado todas las visitas:  uno sobre mi hermano Emilio, denominado "El último del Sahara": 1.412 personas

Si me queréis, que diría Lola Flores, sigo escribiendo. Abrazos a mis lectores.